Las Fuerzas Armadas en Ecuador se
adaptaban al régimen de no aceptar a mujeres de forma radical. Poco a poco fue
cediendo hasta que fue en los años 50 y 60 que por primera vez, las mujeres son
aceptadas en aquellas Fuerzas. Actualmente, la mujer es considerada un
elemento imprescindible en el Ejército, presentándose de forma igualitaria para
cualquiera de los dos géneros. Los inicios de esa igualdad son fundamentales
para entender que lo que ahora se ve normalizado no fue de un día para otro,
teniendo dificultad por el machismo en sí. Si la sociedad en conjunto le da
mayor aceptación al género femenino, obviamente que en las Fuerzas Armadas se
tendrá mayor aceptación, hasta en el punto en que esté completamente
normalizado.
La
inclusión dentro de la vida militar de las mujeres en Ecuador, no ha sido tarea
fácil, sin embargo, las nuevas políticas públicas, como la de igualdad de
género de FF.AA., (Fuerzas Armadas) quienes han ayudado a mejorar la presencia
femenina en labores militares. La primera Fuerza que incorpora a mujeres
oficiales fue la Naval, al hacer su primer llamado en 1977 para oficiales
especialistas, es decir oficiales que se incorporan a las Fuerzas Armadas luego
de haber obtenido un título universitario. En 1999 la Escuela Superior Militar
Eloy Alfaro graduó seis tenientes especialistas y aceptó a ocho mujeres
bachilleres como cadetes.
En
encuestas del 2015, el Ejército Ecuatoriano cuenta con 462 mujeres, la
Marina 429, mientras que la Fuerza Aérea Ecuatoriana tiene 282
militares. El porcentaje total de personal femenino en las Fuerzas Armadas es
del 2,9%. Se subraya que las mujeres dentro de Fuerzas Armadas tienen la
misma responsabilidad que los hombres y el mismo compromiso de servir a su
patria y al pueblo ecuatoriano por lo que tienen la misión de desempeñar sus
funciones con el mismo espíritu de servicio.
Karla
Pozo (La subteniente de transportes) quien fue la primera policía militar,
comenta que no existió diferencia alguna en su instrucción por ser mujer. Por
eso se siente orgullosa de haber superado este reto profesional que, por
cierto, no fue fácil pues debió enfrentar disturbios y motines como parte del
entrenamiento. “Haber aprobado este curso ha sido muy gratificante, es muy
complicado igualarse al nivel de los hombres y lo bueno es que soy la pionera
en esto y más mujeres también pueden demostrar que si pueden” indica
Pozo.
Entre
mujeres y hombres existe una diferencia primordial, y es que aunque
estereotipos han desaparecido en su mayoría, la mujer militar también se
hace cargo de las labores cotidianas del hogar, los hijos. Siendo algo extra,
aunque no debería ser así, puesto que es verdad que el bebé es engendrado en el
vientre materno, pero tres meses después de que nazca, una mujer podría volver
a la actividad militar. Con el objetivo de impulsar la inclusión femenina
en las Fuerzas Armadas del Ecuador desde el Ministerio de Defensa Nacional se
ha impulsado una “Política de Género de las Fuerzas Armadas del Ecuador” que
busca ser inclusiva en el ámbito militar, estructurada bajo cuatro objetivos:
– Fortalecer la igualdad de oportunidades
de acuerdo al plan de carrera para hombres y mujeres.
– Fomentar el Buen Vivir para el personal
militar femenino y masculino en los repartos militares.
– Fomentar la coeducación del personal
militar basada en el respeto a los principios de igualdad y no discriminación
por causas de género.
– Controlar y prevenir hechos
discriminatorios basados en sexo que tenga por objeto menoscabar o anular
derechos.
Las
mujeres que se encuentran en el Ejército, ya no solo están en cargos que no
impliquen entrar al campo de acción, (proceso logístico y administrativo) no,
ellas participan activamente en el campo de batalla. Poco a poco, la
participación de las mujeres en las Fuerzas Armadas se presenta cada vez más
profesional en similares condiciones de sus compañeros varones.
En
la medida que la mujer se implica en el ámbito militar, esta procura guardar
paralelismo cercano con la forma en la que se desenvuelve en el mundo
civil. Es decir, el rol que la mujer cumpla dentro de la sociedad ecuatoriana
será el rol que cumpla dentro de las instituciones militares. Según el
feminismo posmoderno, se evidencia que los roles tanto de hombres como mujeres
son imprecisos, debido a que son creados y reforzados todos los días por
cada uno de los miembros de una sociedad.
El
papel de la mujer en cuestiones políticas y militares se registró desde la
época colonial con María Caiche, (Nació en el pueblo de Daule entre 1.550 y
1.570.) quien llegó a ser cacique de Daule y Quijos e hizo que los dauleños
dejen de trabajar sin paga para los líderes españoles. Por otra parte, en las
guerras de independencia es casi imposible olvidar a las “Tres Manuelas”
quienes dejaron del lado el rol femenino impuesto y se dedicaron a liberar a su
pueblo de imposiciones extranjeras para comenzar a construir un país libre.
En
el año 1999 ingresaron a la Escuela Superior Militar Eloy Alfaro las primeras
cadetes mujeres para convertirse en subtenientes de Servicios; aunque eran
once, alrededor de la mitad se graduó después de cuatro años de formación
militar, tal y como lo haría un cadete varón. La ESMIL recibe anualmente
alrededor de mil aspirantes a cadetes, de las cuales entran sólo 250 después de
realizar evaluaciones psicológicas, académicas, médicas y físicas. No hay
diferencias entre los cupos de hombres y de mujeres pero anualmente no ingresan
más de 20 aspirantes mujeres ya que no hay gran demanda y no todas cumplen con
los requerimientos necesarios para el ingreso a un régimen militar.
Las
mujeres de la Fuerza Terrestre pueden aspirar a ser parte del arma de
Ingeniería, lo que significa que preparan el terreno para la guerra y
proporcionan movilidad para los soldados construyendo y destruyendo distintos
obstáculos. Por otra parte se encargan también de la contra movilidad,
esto significa que colocan obstáculos para dificultar el paso del enemigo.
Dentro del área de Comunicación Social, las mujeres manejan operaciones
psicológicas, en donde se utilizan distintas estrategias que aportan a la
guerra ya que, dentro de un conflicto armado, pues hay batallas que se ganan
únicamente con estrategia sin el uso de la fuerza. Actualmente en la FAE las
mujeres cadetes pilotos se preparan para volar helicópteros y aviones
subsónicos y en pocos años, cuando logran cumplir todos los
prerrequisitos, pueden volar aviones supersónicos activamente en caso de
guerra.
Las
FFAA cambian a la par de la sociedad, entonces si la sociedad “permite” que las
mujeres hagan lo mismo que hacen los hombres, también incentivan a la igualdad
de género, así como en otras instituciones. Es por ello que se la compara con
un espejo. Si los cambios que favorecían a las mujeres ecuatorianas
dentro de la institución armada en el Ecuador llegaron a realizarse, es nada
más y nada menos porque toda la sociedad ecuatoriana cambió con respecto
a su posición en los roles de género. Es posible decir que toda institución es
el reflejo de su sociedad, y en ese caso las Fuerzas no son la irregularidad a
la regla. Las diferencias entre hombres y mujeres definitivamente existen; sin
embargo, debe entenderse que estas diferencias han sido socialmente construidas
desde hace siglos atrás.
La
gran diferencia actualmente entre hombres y mujeres en el mundo militar es el
número, ya que hay un 1,6% de mujeres frente a un 98,4%, pero así mismo hay
menos mujeres que hombres que son dueñas de sus empresa, que están involucradas
en altos puestos de trabajo, en la política, o que poseen inmuebles. Los
factores que impiden que la mujer progrese en las Fuerzas Armadas son nulos, ya
que es más bien es un factor cultural. Aun así, a medida de que el rol de la
mujer se transforme en la sociedad, también las FFAA cambiarán al mismo compás.
En
fin, las Fuerzas Armadas apoyan la inclusión, y la motivan a diferentes
organizaciones, con las cuales se acepta en mejores condiciones el papel de la
mujer. Puede que el hombre tenga más fuerza que una mujer, pero la mujer es
capaz de superar al hombre en resistencia, datos que hacen posible la
aceptación de una mujer en muchos ámbitos que antes eran negados a ellas, y sí,
las Fuerzas Armadas era parte de ellos. En el 2015 era el 1,6% de mujeres a
98,4% de hombres, en aquella institución, pero día a día, aumenta el porcentaje
y no solo en las F.F.A.A. sino en todas las organizaciones restantes, haciendo
posible la inclusión ciudadana, con los mismos derechos y obligaciones que
todos.
Información y datos relevantes tomados de
las siguientes fuentes:
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